lunes, 27 de septiembre de 2010

De revolutionibus orbium coelestium

Atherida se siente desesperada ante la idea de volver mañana al trabajo. Tiene ganas de rebelarse, llorar y patalear. Tiene más ganas que nunca de irse a la isla griega para leer, nadar, beber, bailar, tomar el sol y poco más.
Atherida se da pena a sí misma viéndose en este estado de alienación y total disociación entre deseos, necesidades y realidad pura y dura. No entiende por qué eligió una profesión de ayuda al prójimo tan malpagá y maltratá.

Al borde de los 40, Atherida quiere dar un giro copernicano a su vida, quiere trabajar de tabernera o de librera o de bibliotecaria o de correctora, pero no sabe qué abrelatas usar para abrir una grieta en su excepcionalmente cerrado y especializado currículum de las narices. Atherida hace un llamamiento desesperado a todo aquel que pueda ofrecerle un empleo no basado en la ayuda al prójimo, entendiendo por "prójimo" cualquier persona en situación de desventaja social, entendiendo por "desventaja social" no sé qué leches demasiado penosas para exponerlas aquí.

Atherida puede demostrar su versatilidad y buen humor donde y cuando haga falta.
Por alguna razón, desde hace unos días, Atherida encuentra un consuelo especial leyendo a Salinger, que siempre ha sido el favorito de los sociópatas. Es un dato importante, aunque no sabe en qué aspecto. En todos los aspectos, supone.

Atherida intenta evitar por todos los medios convertirse en funcionaria (véase el llamamiento desesperado del segundo párrafo), pero, de seguir así, no tendrá más remedio que desplegar su natural instinto de conservación y echarse a estudiar la muy conculcada Constitución Españooola, ay.

Atherida no es Shakespeare, pero jura que jamás emplea ni ha necesitado emplear el corrector de texto del ordenador (llamamiento al mundo de la letra impresa).

Atherida termina abruptamente siempre que tiene hambre porque piensa con el estómago, y ahora mismo su estómago le dice que vaya a por un yogur de cabra griega, que se lo coma y cambie la autocompasión por un relato de Salinger.

A la piltra. No olviden los llamamientos, especialmente los de huelga general.

3 comentarios:

  1. ¡Difícil lo tienes! Y no dudo de tu versatilidad y buen humor. Es que la cosa está chunga. Yo curro en una fábrica por mil euros al mes y la empresa se está yendo a pique. Trabajar con personas,sin cosificarlas, debe ser muy duro. Todo depende de con cuanta fuerza te veas. Supongo que lo ideal es dar pasos poco a poco afianzándose en el terreno. Al menos a mí los saltos mortales me dan miedo.¿Quién será el sabio que distinga entre un prudente y un cobarde?. La misma pregunta es,como poco, pusilánime. Lo que no sirve de nada es desesperarse. No he leído a Salinger a sí que no puedo hacerme una idea adecuada de esa parte de tu texto. Sobre lecturas, permíteme, como admiradora de Pychon, que te recomiende el "Plantador de Tabaco" de Barth. Es el libro más divertido que conozco, por eso me tomo la libertad. No tengo blog, hago comentarios en el de Bolmangani, el me llevo al de Ferré y allí te conocí, me caíste bien. Hay otros dos blog que me gustan y en los que intervengo con comentarios anónimos: la medicina de Tongoy y oblomovka herida. No es necesario que publiques este comentario, lo dejo a tu elección. Mi correo es ovejaelectrica@hispavista.com

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  2. Hummmmmm ¿Tabernera? Te veo más de correctora, ahí estaríamos de acuerdo. De todas formas, el abrelatas donde ha de estar es en las cabezas de tus posibles contratadores. TAmbién puedes practicar la variante del "Currículum creativo", de amplia raigambre en el imaginario popular.
    En cualquier caso, como la cabra (griega o no) siempre tira al monte, te veo escapándote a cualquier isla con pueblecitos blancos, arenas doradas y efebos de bronce, desde la que nos enviarás postales para que podamos malcriar a nuestra envidia, que siempre ha tenido y siempre tendrá una mala salud de hierro.

    Todos esos besos que te mereces y más.

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  3. Ánimo! Me siento identificada con el querer cambiar el rumbo antes de los 40 y no poder o no saber, por estar más encasillada en mi profesión que Michael Landon en la suya.

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