miércoles, 22 de septiembre de 2010

No me da la real gana


Dice el rey que era un patriota. Desvaríos reales aparte -muy aparte, por favor-, hoy me siento más huérfana que ayer pero menos que mañana.
Hay quien se ríe cuando oye hablar de "la muerte de las ideologías". Yo no me río ni un tantico, maño, no le encuentro la puñetera gracia. Es lo que tiene ser hija de la generación del desencanto. Por muy generación X que me haya tocado ser, no he logrado sacudirme esto de la ideología, y a estas alturas del partido ya no me da la gana.
Hay que oír gilipolleces cuando alguien querido se muere. Hay que oírlas siempre, en realidad, pero joden más cuando el finado lleva toda la vida combatiendo la gilipollez nacional.
No importa. Sabemos quién era Labordeta, nadie nos quita esa alegría. Nadie nos quita este dolor y esta despedida. Nadie nos quita la ideología. Esta generación mía del Cola Cao y la dependencia crónica, debería despertar antes de que mueran todos los que aún saben defender la dignidad. Morir con dignidad es importante, pero también vivir con ella. Vivir con dignidad. Y cantarla, maño. Cantar la dignidad.

6 comentarios:

  1. Hola atherida, hay un poema de Labordeta no publicado cuyos dos primeros versos son sencillamente enmudecedores: "Si dios pregunta por mí/ decidle que no he nacido". Espero que hayas buceado (entre delfines) por las islas africanas. Y no, no hay que pedir perdón por tener una ideología. Es obvio que la ideología más ideológica –valga la redundancia– es aquélla que proclama ufana el fin de las ideologías. Un saludo.

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  2. Sí , tienes razón , es una pena. Lo conocí poco pero me gustaban sus canciones y nunca lo vi meter la pata. Sobre lo otro es inútil , nos vencieron sin que supiéramos siquiera donde estaba el campo de batalla, o sabiéndolo , estaba demasiado lejos o era superior a nuestras fuerzas y no pudimos evitar volver la mirada, retirar la mano. El camino de la dignidad, ovejita, es pindio y está plagado de abismos. Yo creo que lo único que queda es resistir sin que nos rompan la cara y echar arena al engranaje, aunque temo que hasta la arena le sirva de lubricante al puto sistema.

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  3. Queridos Clément y anónimo: sólo me hacían falta vuestros comentarios para venirme arriba del todo y cantar a voz en cuello esta albada, que es una albada guerrera.
    Sintetizáis a la perfección lo que mis cortas palabras pretenden expresar. A veces decir es poco, y hace falta cantar, gritar, besar, llorar, golpear y abrazar. Por vosotros va esa albada, para que la arena siga siendo arena, aunque nos rompan la cara. No tengo propiedades que incendiar, así que me incendio yo misma, cantando por Labordeta.
    No sabía qué significaba "pindio". Ahora veo que es algo así como "empinado". Pindio y plagado de abismos. Me gusta, suena muy sexual, así que vale la pena recorrer ese camino. Sin lubricantes.

    Un abrazo.

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  4. ¡Se me acaba de colar un saltamontes por la ventana! No me atrevo a tocarle... a ver en qué terminamos.

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  5. Nuestra generación y las posteriores fueron adormiladas ya desde la cuna. Lo importante era crecer y consumir y, a veces, ni siquiera lo primero.
    El saltamontes pareciera un icono libertario ¿No? Que lo paséis bien.

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  6. Sí, Enric, a mí también me ha parecido eso el saltamontes, un icono y un buen presagio. No me he atrevido a cogerle, y ahora anda dando saltos por toda la casa.

    Besotes.

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