sábado, 2 de octubre de 2010

Acata o revienta

Cada vez con mayor alarma, veo cómo crece entre numerosos "profesionales" la hostilidad hacia los usuarios de servicios del sector social. Siento vergüenza ante la descarada subasta de estos servicios públicos, ante las instituciones que subastan la gestión de éstos, ante las empresas subasteras, disfrazadas de asociaciones o fundaciones sin ánimo de lucro. Siento vergüenza ante la falta de profesionalidad de mis propios colegas, a demasiados de los cuales prefiero no llamar compañeros. Vergüenza ante los directores de esas empresas, ante sus equipos, y ante mí misma por pretender todavía promover algún cambio donde siempre cabe sólo acatar o largarse. A partir de cierta edad, la ingenuidad es un pecado. Mi pecado capital.

No voy a hablar demasiado de mi último trabajo, del que ya me han "invitado" cordialmente a irme con una carta de despido improcedente bajo el brazo. No se alega nada contra mi forma de trabajar, sino, al parecer, contra mi propia forma de ser. Me hablan de un acuerdo, pero he preferido dejar claro que no tengo nada que acordar con ellos, aunque sí algo que informarles. Esto es lo que he informado a mis amables contratadores y despedidores:

- Que me parece muy preocupante que un equipo entero tenga miedo de proponer, opinar, cuestionar y/o disentir sobre la metodología de trabajo a aplicar;
- Que me parece igualmente preocupante y contrario a la ética profesional que un equipo entero despliegue actitudes abiertamente hostiles hacia los usuarios de un servicio público;
- Que me parece lamentable, antiprofesional y contrario a toda vocación de apoyo, que la directora y su equipo estén mucho más preocupados por cuidarse de supuestas y remotas agresiones potenciales que de atender a las usuarias del servicio con un mínimo de competencia.

Algunas cosas más he informado a mis amables despedidores, pero quedan entre ellos y yo. Si algún día me animo a tirar bien de la manta, es seguro que no podré volver a ejercer. Aunque nunca haya vejado o maltratado a ninguno de los chicos, chicas, hombres y mujeres con los que he trabajado, siento tan profunda vergüenza ajena que me parece propia. No creo que valga la pena vender así el alma por mil euros. Me enfrento a la contradicción más gorda de mi vida. Me gusta este trabajo, creo que lo hago bien, respeto a los usuarios, y a menudo ellos me devuelven con creces el afecto, el respeto y la dignidad. Esa dignidad es un camino de ida y vuelta. Quizá aún no sea tarde para explicar en nuestras facultades que lo único que te hace digno como profesional es tratar dignamente a quien solicita apoyo. Lo demás se aprende en los libros. Todo lo que yo he aprendido, me lo han enseñado los chicos, los hombres y las mujeres que no han tenido más remedio que solicitar apoyo. Sólo hacia ellos me siento agradecida en esta profesión. Hacia ellos y hacia unos pocos maestros va todo mi respeto. Hay gente honesta e incombustible en este sector. Y aunque me considere honesta, alcanzo cíclicamente el punto de ignición. Tengo muchos nombres y caras en la cabeza y en el corazón. Por confidencialidad, no los cito. Si pude ayudarles en algo, me doy por satisfecha. Si no pude, ellos sí me ayudaron a mí a comprender el baile de la vida, que nunca ha estado incluido en el plan de estudios de mi facultad.

Hace años, en el poblado, ayudé a salvar la vida a un consumidor de heroína. Creo que es la única vida que ha estado en mis manos. Él me estaba machacando al ajedrez cuando le atizó una sobredosis. Le llamaremos Rafa. Pensé que no lográbamos reanimarle, le vi muerto ante mí, y me puse a llorar con la ampolla de naloxona todavía en la mano. Entonces Rafa abrió los ojos, despertando bruscamente, y me preguntó ¿a qué estábamos jugando, princesa? Ahora me doy cuenta de que no estábamos jugando al ajedrez, sino a tratarnos con dignidad. A pesar de todo. Eso es lo que me llevo.

10 comentarios:

  1. La fuerza de tu dignidad traspasa la pantalla. Me imagino a qué te dedicas, y te muestro mi admiración.
    En otro orden de cosas, me impacta también la fuerza que transmite el bajorrelieve de la leona herida, ¿dónde está, cómo se llama esa maravilla?

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  2. Ay, ovejita, en tu mismo comentario está la solución del problema, que por supuesto no es una solución "logica", cuando dices que estás agradecida a los pacientes y a unos pocos maestros; deja de usar tus fuerzas que siempre serán insignificantes en relación al grosor del muro contra el das cabezazos y fija tu mirada, tu deseo, en esos maestros. Verás que tienen una manera "oblicua " de enfrentarse a la mierda de la realidad. Convencen sin lucha, o mejor dicho, convencen luchando contra sí mismos. Otras formas de lucha generan fuerzas reactivas mucho más poderosas que la fuerza del corazón, y por tanto hay que evitarlas. Minar los cimientos. Sacar el tren de la vía sin causar miedo ni alarma. Parece que eso lo sabes hacer con la gente a la que ayudas, pero no lo sabes hacer con tus colegas y jefes ( yo tampoco). Por supuesto , si hablamos de canallas lo mejor es poner tierra por medio, cualquier esfuerzo es vano) . No fué Machado quien dijo: yo vivo en paz con los hombres/ y en guerra con mis entrañas ?
    Saludos y suerte con tus contradicciones.

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  3. Muchas gracias a los dos.

    Reina de la miel: si pones "leona herida" en cualquier buscador de Internet, encontrarás toda la información. Tiene muchos siglos ya esa leona.

    Querido anónimo: quiero responder a tu comentario como se merece, es decir, con tiempo, calma, y un poco de sentido común, así que mañana mismo volveré a sentarme aquí para hacerlo, porque hoy no estoy del todo en mi piel.
    Sí, fue Machado, el gran Machado quien lo dijo. Por algún motivo, tomo tus comentarios tan en cuenta como los de mi gente más cercana y querida. Sigo sin saber si nos conocemos o no, pero me interesa tu opinión, y eso es lo que importa, al menos a mí.
    Saludos y gracias de nuevo.

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  4. Te imagino de pie, firme, clavando tu mirada en los mercachifles de la salud. Corren malos tiempos para los temas sociales porque muchos están siendo (y van a ser) los necesitados pero cada vez menor la ayuda que van a recibir. Espero que estés bien y así sigas. Y que cuentes con los que te leemos.

    Un beso.

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  5. el ocio del suicida4 de octubre de 2010, 18:29

    "DE VITA BEATA
    En un viejo país ineficiente,
    algo así como España entre dos guerras
    civiles, en un pueblo junto al mar,
    poseer una casa y poca hacienda
    y memoria ninguna. No leer,
    no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
    y vivir como un noble arruinado
    entre las ruinas de mi inteligencia."
    ( Jaime Gil de Biedma)

    "En este mundo podrido y sin ética, sólo nos queda la estética." (Makinavaja)

    "Todos los honores para el corredor que aún buscara la gloria en el corazón del fracaso."(Patti Smith)

    "Venceréis, pero no convenceréis." (Unamuno, a Millán Astray)


    (casi) nos han vencido (el sistema, los mercados, los mediocres...), pero nunca (querida raquel: nunca) nos convencerán.

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  6. Me emociono por dos motivos, ocio del suicida: volverte a ver por aquí es uno; el otro es lo que dices. La cita, el grito de Unamuno a Millán Astray siempre me ha llegado al alma. Esta vez, viniendo de ti, es un incendio, un incendio depurativo, clarificador. La cita de Gil de Biedma es un estado de ánimo..."memoria ninguna", un deseo intermitente.

    Querido suicida: nunca. Gracias. En serio, gracias. Por pensar todavía y sentir todavía y opinar todavía y sostener todavía más de una piedra entre las ruinas de la inteligencia.

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  7. Queridísimo Enric: ya te dije una vez que tu latido se recibe alto y claro desde cualquier distancia. Se distingue de todos los demás por su pureza y su intensidad. Te lo vuelvo a decir. Corazones así hay poquitos, me siento afortunada. Sí, cuento con vosotros, y me siento agradecida de un modo difícil de expresar. Estoy bien y pongo mi energía al servicio de seguir así.
    Personas como tú ayudan a estar bien. Ojalá tú también lo estés.

    Un abrazo.

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  8. Querido anónimo, sigo dándole vueltas a tu comentario, pero tengo un problemilla: no sé si quiero seguir luchando contra mí misma, en guerra con mis entrañas. En mi experiencia, resulta aún más demoledor estar en guerra con uno mismo que con "los hombres" de Machado.
    Tienes razón en lo de la manera "oblicua" de enfrentarse a la realidad y en otras cosas que planteas, pero, ay, ¿el precio a pagar es la guerra con uno mismo? No sé...creo haber probado ese camino sin buenos resultados. Si te apetece y quieres hacerme un favor, explícame un poco más ese planteamiento, pues quizá no lo estoy comprendiendo bien (lo digo sin ironía alguna).

    Saludos.

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  9. Lo que tú llamas la guerra con uno mismo no es exactamente lo mismo que dice Machado. Las experiencias de las que hablas son más bien " La guerra de las entrañas" mientras que Don Antonio habla de " En guerra con mis entrañas". Antes de acceder al Entusiasmo , ovejita, hay un momento ascético, que no se puede pasar por alto. Tus entrañas buscan otras, y las encuentran y luchan a muerrrgte como diría Hegel y Marx asentiría con gravedad .

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  10. Ay, querido anónimo, si antes no comprendía bien, ahora decididamente estoy perdida. En fin. Reflexiono sobre tus palabras, a ver si pillo el intríngulis. Ya te diré algo al respecto.

    Gracias.

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