viernes, 20 de enero de 2012

Un puesto a medida en la opereta

Siento una alternancia de rabia y tristeza. Rabia, tristeza, rabia, tristeza, y así sucesivamente. Este humor me ha asaltado hoy y espero que mañana se autodestruya. Mientras dura, estoy particularmente harta de Vargas Llosa, para quien el Ministerio de Exteriores pretende crear el puesto de presidente del Instituto Cervantes, modificando así el organigrama de dicha institución; parece ser que Educación y Cultura decide si sí o si no. Vamos listos.
Hace años que este señor me viene cayendo mal, desde que -en mi adolescencia- oyera su voz detrás de mí en el Reina Sofía, petulante, prepotente, engolada, imponiendo su clase magistral sobre pintura contemporánea a todo el que tuviera oídos en la sala. Allí era un visitante más de la exposición de turno, como todos, pero tuvo que hacer resonar su atiplado egocentrismo. Hoy, como ayer y siempre, como este mismo verano, propagando a los cuatro vientos -nunca mejor dicho- la gran sandez de enaltecer la visita del Papa a Madrid porque es muy positivo para la juventud, bla, bla, bla. Me gustaría tomar el mismo fármaco que él para atiplarme y ensandecerme sin mesura ni recato. Escribe muy bien este señor, sí, pero no soporto a la derecha de siempre vestida de cordero centrista, de anarco-individualista de salón o de no sé qué, porque -créanme- no acierto con la descripción -aunque quisiera-. Por eso no tengo el Nobel.

Como estoy desempleada y sin prestación, me va a fastidiar mucho que las arcas públicas paguen un sueldecito al vicetiple por un puesto a la medida -como los  trajes-, mientras no salen a concurso las plazas del también público empleo para las que he estado estudiando como una desesperada más.
Ya me fastidió el Nobel, pero ahí me aguanté porque reconozco el talento literario. Lo que no reconozco es esta porquería que se nos viene encima con mayor obstinación cuantos más parados y empobrecidos acumulamos. Atempere por lo menos sus cuerdas vocales y aprenda a hablar en voz baja en los museos. Ya que le vamos a pagar un sueldo, invierta en recato. Se lo ruego, se lo exijo.

Ya estoy mejorcita de la rabia. Prefiero llorar a solas.

3 comentarios:

  1. Me quedo más tranquila al saber que el candidato ha declinado la oferta. Que pase el siguiente, porque no vamos a eliminar ahora el cargo recién creado. Apuesten por alguien que no sea Norma Duval. Verán qué risa.

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  2. Bueno, qué curioso. Terminé de leer Conversación en la Catedral y me pareció enorme, una obra muy reveladora... y ahora le ofrecen una institución como el Cervantes. He comprado La broma infinita porque desde hace días, meses que pienso que todo esto es una enorme broma y sólo nos queda, no sé, reírnos de su estupidez y de su pequeñez, tan absurda y ridícula y por supuesto leerme ese tochazo, leerlo y reírme. (El otro día me comentó una amiga que estuvo trabajando el mes pasado en la Fnac que La niña del pelo raro era un libro muy pedido allí, ¿hay esperanza?) Salud y hablamos.

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  3. Indiscutiblemente, Alf. Si la gente lee -además de comprar- a Foster Wallace, hay esperanza. Espero que disfrutes con La broma. Adoro sus notas a pie de página. Ya me contarás.
    Beso.

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