jueves, 27 de septiembre de 2012

Astronautas

Ayer, al pasar junto a uno de los (muchos) cordones "anti-disturbios" repartidos por el centro de Madrid, un chaval gritó a mi lado Astronautas, marcháos al espacio. Suscribo. No faltará quien diga que ese conmovedor humor blanco es una intolerable provocación.


Cuán valerosos parecen los astronautas aquí en la Tierra. ¿Viajarán al espacio también de cuatro en cuatro?




lunes, 24 de septiembre de 2012

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tan arbitrario

Qué solos se quedan los locos. Este verano me he dado cuenta de que la enfermedad mental ajena se convierte en propia. No, no se convierte en propia, sino que la enfermedad del otro delimita la propia -por comparación, ya saben-. Con el loco enfrente, uno siente miedo, compasión, necesidad de poner orden, de sujetarle, de reducirle. En cualquier caso, necesidad de alejarle ya que él no se aleja, no se ordena, no se sujeta. ¿No sintió lo mismo el loco cuando aún parecía cuerdo?

Me parece comprender que el loco nos vuelve locos. No logramos sujetar al loco, sino nuestra propia locura. Sujetamos nuestra locura alejando al loco o alejándonos nosotros. No contagiamos cordura, no la transmitimos. Simplemente establecemos un límite para seguir neuróticos en vez de psicóticos. Límite necesario, no lo niego, aunque tan arbitrario como cualquier frontera. El miedo es el sonido de la propia locura luchando por desatarse.

Una sociedad que no aprende a acercarse al loco es una sociedad llena de miedo. ¿Escuchan ustedes ese sonido?