domingo, 12 de enero de 2014

Millás



Lo que me pierde de Millás es su caída de ojos, su aterimiento crónico y su hipocondría, por ese orden. Esto siempre ha sido así, pero lo descubro ahora. Resulta que le leo por amor. Y, al leerle, me enamoro siempre más. A ver si concentrándome mucho consigo reencarnarme en su amante en alguna existencia no muy lejana. Me atiborraría de ansiolíticos con él, le abrigaría bien y guardaríamos cama febrilmente hasta la próxima reencarnación, gracias a la cual podríamos intercambiar los roles (y los Rolex) en la mesilla, convirtiéndonos la una en el otro y viceversa. Y vuelta a empezar. ¡Qué hermoso sería!




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