domingo, 8 de marzo de 2015

Pressure (2 bares máximo)

Total, que he vuelto a coger la bici para ver si renazco o algo. A los casi 44 me parece que se termina la vida tal como la conocía hasta ahora. Rollos míos... ¿rollos de la edad? Puaj, rollos. Compré una bici super molona, me pareció que pesaba poco. Hace cuatro años. Ahora me pesa una tonelada al bajar los 15 escalones que me separan del portal. Joder. Me dicen que estoy de buen ver. Aunque así fuera, me veo una tristeza (irreparable?) en la mirada. Algún ex novio dice que siempre la tuve, la mirada triste, pero no lo creo. Mirada temerosa, eso tenía, y desafiante. A ratos. Me da pereza aclarar la aparente contradicción, pero observen la reacción del niño ante el castigo: temor y desafío. Ya está.

¿Termina la vida tal como una la conocía cuando le cuesta cargar la bici por la escalera, cuando dejan de parecerle distinguidas las canas, cuando ya no cree que está de buen ver (aunque se lo digan)? Ains...

He ido a la gasolinera a inflar las ruedas. He conversado sobre la presión adecuada con otro ciclista que inflaba las suyas, cuarentón con niño, hermosos ojos verdes algo tristes, canoso, de buen ver. No me he atrevido a preguntarle si la bici le pesa demasiado por la escalera, si su tristeza es irreparable o si le parecen distinguidas las canas. Era, sin embargo, un hombre cordial, partidario de inflar a dos bares como máximo, igual que yo (pero yo sin niño). Ha sido como mirarse al espejo y ver algo hermoso. Por una vez.

Volveré a la gasolinera, recorreré el anillo ciclista una y mil veces. Sólo para convencerme de que a los 44 no se acaba la vida tal como la conozco. Para ver algo distinto en el espejo.