jueves, 25 de septiembre de 2014

Síndrome del Intestino Irritable: el WC como hábitat natural

Desde los trece años tengo Síndrome del Intestino Irritable (SII), más comúnmente llamado colon irritable. Gracias a él, las mañanas de mi vida son un infierno, excepto las que logro pasar durmiendo, pero en algún momento hay que levantarse (no si te llamas Juan Carlos Onetti). Nunca antes he escrito sobre ello, por vergüenza, supongo, o porque a casi nadie le gusta hablar del intestino, salvo a los afectados y a los especialistas, también supongo. Aunque a casi nadie le guste hablar de ello, me importa un pito. Hablo.

A los que estén pensando que el SII es una dolencia psicosomática, ya les adelanto que NO, listos: los alegres investigadores del hospital Vall d'Hebron descubrieron hace un par de años que se trata de una alteración molecular crónica que afecta exclusivamente al tubo digestivo. ¡Estupendo!, ¿y ahora? Pues nada, ajo y agua, ahora nada porque sigue sin haber tratamiento. Es decir, hay tratamientos paliativos que no palían nada o casi nada y hay psicoterapeutas benditos (y forrados) que soportan nuestras quejas (hablo por todos, compañeros de condena) año tras año aun sabiendo que es una puñetera enfermedad orgánica, que duele, limita y desespera hasta cotas de encierro doméstico e ideación suicida.

No voy a entrar en detalles, pero es bueno saber que el colon es "sólo" lo que llamamos intestino grueso, pero, médicamente hablando, el intestino va desde la boca hasta el ano, por si alguien quiere hacerse una idea topográfica del disturbio. Dije que no iba a entrar en detalles, porque para eso ya están los foros de afectados (tan frecuentados por mí anónima y silenciosamente), pero sí quiero subrayar lo desesperante que resulta que médicos con formación obsoleta sigan tratándonos como a simples hipocondríacos mientras abrazamos remedios de dudosa eficacia a sabiendas de que dos crisis matinales de las nuestras le cierran la boca al más pintado.

Ni que decir tiene que he depositado la poca fe que me queda en los alegres chicos del Vall d'Hebron, que anuncian un tratamiento (¿curativo?) eficaz en no mucho tiempo. Decir "no mucho tiempo" en estos casos puede equivaler a dos, tres, cinco o diez años, quién sabe. Sinceramente, si he esperado treinta años, puedo esperar cinco más, no vamos a ponernos finos ahora. El SII no mata, es decir, no correlaciona con cáncer y otras amenazas serias, pero putea bastante. Lo que sí puede matar por la vía indirecta son las ideaciones suicidas, pero para eso escribo este post: que nadie se me venga abajo por la manifiesta incomprensión de médicos, familiares y amigos.

Si te duele mazo el colon y tu hábitat natural es el WC, no estás solo. Ánimo, salud y revolución.

domingo, 12 de enero de 2014

Grietas en el muro


Interdisciplinar


Me duelen los senos. No los paranasales, sino los otros. Se trata de una ovulación prematura. Todo está explicado en esta partitura. Los que no hayan estudiado lenguaje musical, tienen aquí su oportunidad. Esto es un heptagrama. Para los que no hayan estudiado griego clásico o no hayan estudiado en general, un pentagrama tiene cinco líneas y cuatro espacios -entre las líneas-; sin embargo, un heptagrama como éste tiene siete líneas y...¿cuántos espacios? Ánimo, gentes de letras.
Bueno, pues esto es un heptagrama de receptores estrogénicos. Estoy intentando interpretarlo, a ver qué tal suena. Hay un eje cartesiano o de coordenadas que, para los que no hayan estudiado... Que estudien, leches, y que sean un pelín más ordenados y menos abscisos. Además, si han visto los gráficos de Google Analytics, ya pueden hacerse una idea. Pues eso: hay un eje de coordenadas que relaciona número de pacientes -30- y número de receptores estrogénicos -de 0 a 120-. El cuadrado equivale a una blanca, y el rombo a una negra. Un rombo es un cuadrado en vilo, a punto de perder la estabilidad. Los rombos deben sonar indecisos y zozobrantes, como la voz del enamorado. En esta partitura no hay silencios, porque no hay quien haga callar a 30 pacientes de un solo batutazo. También hay unos promedios demasiado complicados para gente de ciencias -sociales- como yo. Hacemos caso omiso de ellos. Lo que no podemos esquivar, si queremos que esto suene, son los signos de expresión: THR significa "Todos a Hacer Ruido", mientras que THP significa "Tú Haz el Pino", que viene a ser como un solo estrogénico (uno hace piruetas mientras los otros 29 esperan tranquilos). Es sencillo, por tanto.
Ya sabemos a qué huelen las nubes, pero falta descubrir cómo suena una ovulación prematura. Me faltan 29 para hacer ruido, y un matemático para la tontuna del promedio, no sea que se nos venga abajo el descubrimiento por no haber estudiado suficiente estadística. ¿Será prematuro consultar también a un médico?

Millás



Lo que me pierde de Millás es su caída de ojos, su aterimiento crónico y su hipocondría, por ese orden. Esto siempre ha sido así, pero lo descubro ahora. Resulta que le leo por amor. Y, al leerle, me enamoro siempre más. A ver si concentrándome mucho consigo reencarnarme en su amante en alguna existencia no muy lejana. Me atiborraría de ansiolíticos con él, le abrigaría bien y guardaríamos cama febrilmente hasta la próxima reencarnación, gracias a la cual podríamos intercambiar los roles (y los Rolex) en la mesilla, convirtiéndonos la una en el otro y viceversa. Y vuelta a empezar. ¡Qué hermoso sería!




El lado bueno

¿Y cómo podía saberlo Maidy? Maidy, que estaba en la consulta del médico. Tantos años en el diván de un psiquiatra y, de repente, el diván se mueve.

Dios mío, Maidy está en el diván cuando la gran sacudida.

Maidy no te lo contó, pero ¿sabes lo que le contestó el médico? Lo que le contestó cuando ella saltó del diván y exclamó:

-Santo Dios, ¿ha sido eso un terremoto?

El médico le contestó lo siguiente:

-¿Te ha parecido un terremoto?

Creo que estamos de acuerdo, hay que verlo por el lado bueno.



Fragmento del relato San Francisco; Amy Hempel, Cuentos completos, Seix Barral, 2009.

domingo, 17 de febrero de 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

Gestalt-j(u)erga número 15

Busca y encuentra en el poema las seis principales perturbaciones de la frontera de contacto, más comúnmente llamadas "mecanismos de defensa" y más comúnmente aún "defensas" a secas, a saber: introyección, proyección, retroflexión (o "vuelta contra sí" de Freud), deflexión (de Polster), confluencia y egotismo (o aislamiento).
No seas vago/a, que está bien fácil. Luego no digas que la teoría no te entra, so zoquete.

Anota de paso la siguiente afirmación del maestro M.A. y reflexiona sobre ella, porque contiene verdades como puños que no deberías pasar por alto si quieres llegar a alguna parte como terapeuta y/o como persona: La solución a la dependencia no es el aislamiento, como tampoco la psicopatía es la solución a la confluencia. No digo más.

El poema:

Me gustas cuando callas porque estás resistente,
y me oyes desde lejos, y mi rol no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y que algún introyecto te cerrara la boca.

Como todas las cosas proyectadas sin calma
emerges del fondo de la neurosis mía.
Mariposas del sueño, mensajes de mi alma
que parecéis arquetipos de los que Jung cultiva.

Me gustas cuando estallas histriónicamente
y estás como quejándote en tu sistema de orgullo.
Y me oyes desde lejos como sutil venganza:
déjame que me raye y retroflecte absurdos.

Déjame que te hable también desde mi ego
falso como una máscara, firme como un castillo.
Eres todo un reproche, callada y deflectada.
Tu silencio es de pega, tan histérico y pillo.

Me gustas cuando callas porque estás confluyente.
Distante y perezosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de mi egotismo cierto.


domingo, 27 de enero de 2013

Justificar texto

Mi terapeuta, a quien llamaremos Como Mejor nos Parezca (en adelante CMP para abreviar), tiene una paciencia finita pero considerable. Los dos (CMP y yo) sabemos que Lo Mío no tiene solución, pero hacemos como que sí para no tener que renunciar a un vínculo tan bonito. Yo quiero mucho a CMP. Esto es así y punto; no voy a justificarme, tal como he aprendido en terapia.

Aunque -decía- CMP tiene una paciencia más que considerable, resopla cada vez que cito a Claudio Naranjo. No es que yo le haya visto resoplar; ni siquiera le he oído. Le leo el resoplido en los ojos. Como todo el mundo sabe, hay miradas y miradas. No se trata sólo de fruncir el ceño, sino de resoplar con los ojos. Son miradas que dicen "aunque te aprecio, no me jodas otra vez parafraseando a Claudio Naranjo, que ya tengo suficiente, por el amor de dios". Yo leo el resoplido y enseguida me pienso culpable por fastidiarle con mis paráfrasis de listilla arrogante con necesidades compulsivas de reconocimiento. Ya no me gusta discutir con CMP porque ha demostrado ser una persona honrada y confiable, y me gusta ser leal a las personas honradas y confiables. Mi idea de la lealtad conlleva no ir bufando y llevando la contraria a quien te quiere bien. Tampoco ahora voy a justificarme.

El caso es que tengo un conflicto de lealtades porque mañana voy a una conferencia de Claudio Naranjo sobre los clásicos literarios. Así que CMP se me aparece todo el rato en la imaginación resoplando con los ojos. Sin embargo, estoy decidida a ir. CMP sabrá perdonarme el pecadillo porque soy neurótica y estoy aprendiendo a aceptarme tal cual. Aceptarse tal cual tiene un precio, que es renunciar a las aspiraciones de gloria y de trato especial.

Todo esto parece muy contradictorio e inconsistente, ya lo sé, pero me da lo mismo. No voy a justificarme. Si quieren profundizar en Ello, consulten a Quien Mejor les Parezca y experimenten por ustedes mismos. O lean Neurosis y madurez de Karen Horney.

viernes, 28 de septiembre de 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

Astronautas

Ayer, al pasar junto a uno de los (muchos) cordones "anti-disturbios" repartidos por el centro de Madrid, un chaval gritó a mi lado Astronautas, marcháos al espacio. Suscribo. No faltará quien diga que ese conmovedor humor blanco es una intolerable provocación.


Cuán valerosos parecen los astronautas aquí en la Tierra. ¿Viajarán al espacio también de cuatro en cuatro?




lunes, 24 de septiembre de 2012

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Tan arbitrario

Qué solos se quedan los locos. Este verano me he dado cuenta de que la enfermedad mental ajena se convierte en propia. No, no se convierte en propia, sino que la enfermedad del otro delimita la propia -por comparación, ya saben-. Con el loco enfrente, uno siente miedo, compasión, necesidad de poner orden, de sujetarle, de reducirle. En cualquier caso, necesidad de alejarle ya que él no se aleja, no se ordena, no se sujeta. ¿No sintió lo mismo el loco cuando aún parecía cuerdo?

Me parece comprender que el loco nos vuelve locos. No logramos sujetar al loco, sino nuestra propia locura. Sujetamos nuestra locura alejando al loco o alejándonos nosotros. No contagiamos cordura, no la transmitimos. Simplemente establecemos un límite para seguir neuróticos en vez de psicóticos. Límite necesario, no lo niego, aunque tan arbitrario como cualquier frontera. El miedo es el sonido de la propia locura luchando por desatarse.

Una sociedad que no aprende a acercarse al loco es una sociedad llena de miedo. ¿Escuchan ustedes ese sonido?

sábado, 28 de enero de 2012

Menos es menos

Tengo una hipótesis sobre la vitamina C: cuanto menos la consumes, menos te apetece consumirla. Igual que el sexo. A más, más. A menos, menos. Si lo vas dejando, luego te da una pereza horrible. Si lo retomas, enseguida quieres más. Bueno, pues con los alimentos que contienen vitamina C pasa lo mismo. Cuesta un horror volver a comer naranjas cuando te has habituado a no comerlas. Yo, cuando pienso en el sexo, enseguida me acuerdo de la depilación y prefiero descartar cualquier esfuerzo. Porque ahora -según me vienen advirtiendo unas y otros- no basta con depilarse las axilas y las piernas. Hay que depilarse también el pubis y dios sabe qué más. No quiero ni pensarlo. Aunque lo pienso. Por eso -porque lo pienso- gasto mis escasas energías en cabrearme con la tirana e infame estética del porno, del desnudo aniñado y toda esa histeria por parecer recién nacidos. Es una puñetera perversión.

Me amparo en el reducto inquebrantable de los 80, negándome de plano a quitarme más pelos. Faltaría más. Aunque el último hombre sobre la Tierra se arrancara hasta los pelos de la nariz, yo seguiría impertérrita con lo que dios me dio. Algún día, cuando todos parezcan actores porno en busca de Barbies complacientes, alguien echará de menos un poco de atavismo selvático. Entonces ya será tarde, porque cuanto menos, menos. A ver quién puede más.

Si quieres ver mejor cómo resistimos, pincha sobre la imagen (L'origine du monde de Courbet)

viernes, 20 de enero de 2012

Un puesto a medida en la opereta

Siento una alternancia de rabia y tristeza. Rabia, tristeza, rabia, tristeza, y así sucesivamente. Este humor me ha asaltado hoy y espero que mañana se autodestruya. Mientras dura, estoy particularmente harta de Vargas Llosa, para quien el Ministerio de Exteriores pretende crear el puesto de presidente del Instituto Cervantes, modificando así el organigrama de dicha institución; parece ser que Educación y Cultura decide si sí o si no. Vamos listos.
Hace años que este señor me viene cayendo mal, desde que -en mi adolescencia- oyera su voz detrás de mí en el Reina Sofía, petulante, prepotente, engolada, imponiendo su clase magistral sobre pintura contemporánea a todo el que tuviera oídos en la sala. Allí era un visitante más de la exposición de turno, como todos, pero tuvo que hacer resonar su atiplado egocentrismo. Hoy, como ayer y siempre, como este mismo verano, propagando a los cuatro vientos -nunca mejor dicho- la gran sandez de enaltecer la visita del Papa a Madrid porque es muy positivo para la juventud, bla, bla, bla. Me gustaría tomar el mismo fármaco que él para atiplarme y ensandecerme sin mesura ni recato. Escribe muy bien este señor, sí, pero no soporto a la derecha de siempre vestida de cordero centrista, de anarco-individualista de salón o de no sé qué, porque -créanme- no acierto con la descripción -aunque quisiera-. Por eso no tengo el Nobel.

Como estoy desempleada y sin prestación, me va a fastidiar mucho que las arcas públicas paguen un sueldecito al vicetiple por un puesto a la medida -como los  trajes-, mientras no salen a concurso las plazas del también público empleo para las que he estado estudiando como una desesperada más.
Ya me fastidió el Nobel, pero ahí me aguanté porque reconozco el talento literario. Lo que no reconozco es esta porquería que se nos viene encima con mayor obstinación cuantos más parados y empobrecidos acumulamos. Atempere por lo menos sus cuerdas vocales y aprenda a hablar en voz baja en los museos. Ya que le vamos a pagar un sueldo, invierta en recato. Se lo ruego, se lo exijo.

Ya estoy mejorcita de la rabia. Prefiero llorar a solas.