lunes, 30 de mayo de 2011

Toma y daca


Mis problemillas con las figuras de autoridad masculinas se resumen en esta cita de Pascal: Cuando no se ama demasiado, no se ama lo suficiente.

Por otro lado, mis problemazos con las figuras femeninas de autoridad pueden resumirse en esta cita mía: Cuando amas lo suficiente, ya estás amando demasiado: cuidado.

Mis problemas grandes y pequeños con las figuras de autoridad los afronto:

A) Rebelándome;
B) Pasando de la autoridad;
C) Convirtiéndome en la autoridad, qué narices.

Intento decidir cuál de las tres opciones es más madura y/ o menos patológica. Por más que les pese a las autoridades del mundo, en mi vida la autoridad soy yo, y sólo reconozco autoridad a quien respete esa premisa. Voy a repetirme esto una y otra vez hasta que ya no me resulte necesario rebelarme contra la autoridad, ni pasármela por el forro ni suplantarla. Bah, no parece tan difícil. Pero créanme, lo es.

domingo, 29 de mayo de 2011

jueves, 5 de mayo de 2011

Wittgenstein propone


Disculpen que lleve un tiempo sin manifestarme. Intentar cambiar de profesión a los 40 es muy absorbente. Estoy (de)formándome simultáneamente como documentalista y como gestaltista. Sí, tiene cojones la vaca. Los de la psicología Gestalt me están dejando hecha polvo, porque hay que sufrir mucho y autoconocerse aún más para que te den por formado. Estar suficientemente formado en Gestalt quiere decir que:

1. Conoces medianamente bien tu mierda de estructura de carácter.
2. Aceptas de buen grado que eres quien eres, y no quien te crees que eres. O sea, aceptas que tienes un carácter de mierda, plagado de máscaras, idealizaciones y putos autoengaños (nadie dijo que fuera fácil).
3. Asistes a cientos de horas de terapia como paciente.
4. Idealizas al terapeuta, hasta que descubres que tu idealización de mierda forma parte de tu asquerosa estructura de carácter plagada de máscaras y autoengaños: el terapeuta es humano -y está casado, so pringá-.
5. Te peleas con el terapeuta porque te parece que tiene algo contra ti. Tú querías un padre guay, y este señor se empeña en que no es tu padre ni tu amante ni nada. El muy canalla te cobra por decirte que te responsabilices de tus actos, te hace llorar, te pone caliente y te manda de vuelta por donde has venido.
6. Durante TRES años, asistes a talleres intensivos de formación -un finde al mes-, que no son otra cosa que salvajes terapias grupales, donde otros 19 coleguitas sacan toda su mugre y te arrancan la máscara a martillazos si hace falta.
7. Te enganchas, joder. Te enganchas a todo esto. A tu terapia individual, a las publicaciones técnicas, a la brutal confrontación grupal, al autodesenmascaramiento más feroz, a la búsqueda de la espontaneidad perdida, a rebuscar qué sientes y dónde, qué piensas y para qué, en vez de preguntarte "por qué". Te enganchas al puto "aquí y ahora", te enamoras del jodido autoconocimiento y ya no sabes hablar de otra cosa.
8. Follas menos que nunca, comprendes que estás solo y que eres responsable de casi todo lo que te ocurre, tu ideal romántico se va al carajo, te despides de tu imagen idealizada y te quedas desnudo, en pelotas, como lo que eres, un pendejo consciente de que va a morirse tarde o temprano y se siente decidido a librar el combate con honestidad en tiempo presente.

Dice uno de mis maestros que para disfrutar la vida hay que pasar primero por el infierno. En esto hay que estar consciente y por voluntad propia, los pies en el infierno y la eternidad por delante.

Si por eternidad se entiende, no una duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente.
Wittgenstein. Proposición 6.4311