domingo, 27 de enero de 2013

Justificar texto

Mi terapeuta, a quien llamaremos Como Mejor nos Parezca (en adelante CMP para abreviar), tiene una paciencia finita pero considerable. Los dos (CMP y yo) sabemos que Lo Mío no tiene solución, pero hacemos como que sí para no tener que renunciar a un vínculo tan bonito. Yo quiero mucho a CMP. Esto es así y punto; no voy a justificarme, tal como he aprendido en terapia.

Aunque -decía- CMP tiene una paciencia más que considerable, resopla cada vez que cito a Claudio Naranjo. No es que yo le haya visto resoplar; ni siquiera le he oído. Le leo el resoplido en los ojos. Como todo el mundo sabe, hay miradas y miradas. No se trata sólo de fruncir el ceño, sino de resoplar con los ojos. Son miradas que dicen "aunque te aprecio, no me jodas otra vez parafraseando a Claudio Naranjo, que ya tengo suficiente, por el amor de dios". Yo leo el resoplido y enseguida me pienso culpable por fastidiarle con mis paráfrasis de listilla arrogante con necesidades compulsivas de reconocimiento. Ya no me gusta discutir con CMP porque ha demostrado ser una persona honrada y confiable, y me gusta ser leal a las personas honradas y confiables. Mi idea de la lealtad conlleva no ir bufando y llevando la contraria a quien te quiere bien. Tampoco ahora voy a justificarme.

El caso es que tengo un conflicto de lealtades porque mañana voy a una conferencia de Claudio Naranjo sobre los clásicos literarios. Así que CMP se me aparece todo el rato en la imaginación resoplando con los ojos. Sin embargo, estoy decidida a ir. CMP sabrá perdonarme el pecadillo porque soy neurótica y estoy aprendiendo a aceptarme tal cual. Aceptarse tal cual tiene un precio, que es renunciar a las aspiraciones de gloria y de trato especial.

Todo esto parece muy contradictorio e inconsistente, ya lo sé, pero me da lo mismo. No voy a justificarme. Si quieren profundizar en Ello, consulten a Quien Mejor les Parezca y experimenten por ustedes mismos. O lean Neurosis y madurez de Karen Horney.